jueves, 16 de mayo de 2013

El Más Ignorante de los Hombres (El viaje de Celester - 01)


Celester  llevaba tiempo recorriendo el mundo en busca de los hijos del conocimiento. Ansiaba encontrar ya germinadas las semillas que un día su maestro plantó y así recogerlas para proseguir con el cultivo. Pero aún nada había encontrado…

En uno de sus viajes se encontró con un hombre altivamente alegre. Andaba medio en harapos por la calle cantando una canción y danzando, siempre con una sonrisa en su rostro. Según entendió Celester, aquel hombre cantaba de felicidad, y se enorgullecía por ello, quería que los pájaros lo oyeran, que las nubes lloraran con su felicidad, y a poder ser, contagiar a cuantos lo escucharan.

Celester se acercó y le preguntó:

-Buen hombre, que alegre danzar lleváis a mis oídos. No puedo dejar de maravillarme con sus rizas y palabras. ¿Si fuerais tan amable me diríais que os hace cantar con tanta alegría que hasta los niños se estremecen al pasar y así yo poder disfrutar también con vos?

-Soy ignorante. No conozco del mundo nada que más que esta calle. No conozco de leyes ni de reyes, ni cerdos ni conejos. Nunca he abierto un libro ni he querido aprender a leer. ¿Qué se yo del mundo? Nada. ¿Qué se yo de esta sociedad? Nada. Aquí vivo y tengo todo cuanto necesito. Me dan comida por limosna. Puedo beber de aquella fuente. Y en cualquier lugar me puedo tumbar a dormir. ¡Soy feliz! Todo lo que necesito lo tengo aquí. ¿Qué más puedo desear?

Celester quedó impresionado por aquel hombre. Nunca había conocido a nadie tan ignorante ni tan feliz. ¡Qué sonrisa! Podría cruzar su cabeza de lado a lado y no encontraría nada que lo impidiera. Así, que sin más, Celester rió con él. A carcajada limpia, y ambos rieron, danzaron y cantaron durante un largo tiempo.

-Querido amigo –le dijo Celester-. Tengo que partir. Me he divertido muchísimo con usted pero tengo cosas que hacer y no voy robarle su felicidad con mis palabras. Solo le digo y advierto que el camino que usted elige es mucho más complicado que el que yo debo recorrer. Ándese precavido pues, no vaya a ser que pise por descuido más allá de su reino.

Y así Celester partió dejando aquel hombre, con su profunda sonrisa, cantando y danzando. De espaldas a él dejó escapar una lágrima y clamó al destino que fuera bondadoso con el hombre, que nada le robara su felicidad, que siguiera siendo el más ignorante hombre en la tierra durante toda su vida.  


Porqué es más fácil echarle sal al Tequila que quitarle el azúcar. 
 : : WhiskySinHielo : :

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