domingo, 5 de mayo de 2013

Relato Nº1 - (Viaje a la Luz de las Estrellas)


En aquella noche de verano, Lucky, la perrita, saltaba divertida entre los matojos persiguiendo las luciérnagas, al mismo tiempo, Carlos estrechaba a Sara contra sí, rodeándola con el brazo. La pareja observaba en silencio el estrellado cielo que se extendía infinitamente sobre sus cabezas, enfrente un pequeño pueblo iluminado con las supervivientes farolas del vandalismo y tras ellos la ladera que formaba parte de la montaña que a la vez se unía con la sierra y extendía sus raíces bajo el mundo.

La calma reinaba tanto que tenía que andar de cuclillas para no molestar el palpitar sincronizado de los corazones, aún Lucky, la perrita, corriendo cuatro veces más rápido seguía el mismo ritmo del tiempo, y sus pausados ladridos daban muestra de ello.

El tiempo, las necesidades, el deseo y los sueños, todo se detuvo en aquel momento para Sara, ¿qué podía querer más que fundirse con Carlos? Pero Carlos si quería algo, quería más y de su deseo brotaron las palabras:

-¿Sabes Sara? Cuando era pequeño mi abuelo me contaba una historia sobre las estrellas. Yo me quedaba boquiabierto escuchándolo, con los ojos abiertos de par en par. A mi abuelo le encantaba contar historias, se le daba muy lo bien, si lo hubieras visto… seguro que también hubieras disfrutado como yo. Ahora las estrellas me recuerdan a él, aunque nunca terminé de entender su historia…

-Eso es bonito Carlos. Me has dejado intrigada. Cuéntame su historia.

Sara se recostó sobre su pecho y cerró los ojos para sentir únicamente la voz de Carlos.

“Hubo una vez, hace mucho, en un pueblo, de cuyo nombre nadie puede recordar, personas que disfrutaban mirando las estrellas. Las observaban por su belleza, por su inquebrantable surcar los cielos, por su constancia y por un deseo humano hacía lo lejano. Pero todo aquello terminó.

Aquellas luces astrales decidieron acercarse a la tierra, bajaron por el firmamento con paso sereno. Y los hombres… huyeron. Vieron luces, fuegos fatuos. Espíritus ansiosos por devorar la carne y roer los huesos. Fantasmas y demonios. La luz los cegó y les dolió, y el dolor se hizo oscuridad. Pero los pocos que pudieron mantenerse firmes descubrieron que aquellas luces tenían forma humana y, lo más curioso fue que, cada uno portaba una caja.

De los pocos, los menos soportaron la locura que aquellas cajas guardaban. El resto enfermó y maldijo a aquellas luces por robarles los ojos y corromper a los menos. Estos últimos, los vivos y más cuerdos, decidieron adorar aquellas luces con tal de algún día poder brillar como ellas. Eternamente fieles a los secretos de la luz los hombres se agruparon para dedicar su amor a una concreta luz y así siguiendo sus pasos para algún día poder alcanzar su misma belleza.

Justo en esta época de culto, adulación y fidelidad al orden un niño sobrepasó los límites. Los muchos ni siquiera oyeron hablar de él, los pocos dijeron que solo era un enfermo y los menos aún se preguntan cómo desapareció.

Aquel niño no temió a ninguna luz, no dudo al abrir cualquier caja. Ningún pudor, ningún prejuicio, nada más que curiosidad insaciable".

Carlos dejó de hablar y así terminó la historia de su abuelo, Sara abrió los ojos y ambos se encontraron.

-¿Qué le pasó aquel niño? –preguntó Sara.

Carlos sonrió.

-Lo mismo le pregunté a mi abuelo. Me dijo que la curiosidad lo devoró, que lo destripó, que le mutiló de la cabeza a los pies, lo reventó, que le hizo trizas, polvo, puré. Más cosas me dijo pero todo significó lo mismo. Aunque al final añadió que en el último suspiro de su existencia brilló como ninguna luz jamás lo hizo.

Bajo el brillo del hielo que me faltó ayer...
: : WhiskySinHielo : :


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